La costumbre de que la novia tenga damas de honor es de origen anglosajón, pero cada vez más se adopta en nuestro país por la complejidad de las bodas y la necesidad de una mano amiga que nos ayude a decidir y a planificarlo todo para evitar el estrés propio de los preparativos de boda.
Las damas de honor son para la novia el apoyo que necesita con los preparativos o durante la boda, en definitiva, una salvación para que el día de tu boda salga todo perfecto.
Será la novia la que elija quienes van a ser sus damas de honor, y para ello deberá elegir desde el corazón, pues necesitará una o varias personas de confianza para que la ayuden a elegir el vestido, las flores, las invitaciones, los menús, la decoración… hay tantas cosas que decidir que se necesitará opiniones sinceras y contrastadas.
Las damas de honor deben ser jóvenes pero maduras y cercanas a la novia, pueden ser su hermana o hermanas, primas o mejores amigas, personas con las que tenga un cariño especial y siempre hayan estado ayudándole en los buenos y malos momentos.
Pero no todo se reduce a los preparativos, el día de la boda las damas de honor también serán las encargadas de ayudar a la novia en todo, ya que ejercerán de portavoces de los novios, ayudarán a los invitados a orientarse y a colocarse en sus sitios en la ceremonia o el banquete, recogerán la cola de la novia cuando lo necesite, o dibujaran el camino de la novia al altar con pétalos de rosas.
Como tienen mucho trabajo casi siempre las damas de honor suelen ser varias, y tendrán que repartirse las funciones para evitar malentendidos.
Puede ser la novia quien encargue a cada una sus funciones, o pueden ponerse ellas de acuerdo.En lo que si tendrán que estar de acuerdo será en los vestidos, que deben ser del mismo color, y a juego con algún color del decorado como pueden ser las flores.
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