Vivir juntos antes de casarse, una muy buena idea

Casarse supone dar el paso en pareja más importante en la vida de ambos, y es que supone llevar a cabo un compromiso de fidelidad y compañía que teóricamente debe durar toda la vida, y que se presenta como el nexo de unión a través del amor y del respeto. Claro que, nadie quiere casarse con quien no quiere pasar el resto de su vida… ¿no crees? ¿Cómo descubrir y saber, al cien por cien, que tu pareja es aquella persona con la que quieres comprometerte hasta el resto de tus días?

Antiguamente y hasta hace no mucho, los novios comenzaban a vivir juntos una vez se casaban y era tras darse el “Sí quiero” cuando comenzaban a convivir juntos y a tener una vida en la que los dos estaban siempre bajo el mismo techo. Sin embargo, como todo en esta vida, puede pasar que con el tiempo de la convivencia comprobéis que no todo era tan bonito como parecía, y que hubiese sido mejor probar antes… y viviendo en una época tan moderna, vivir juntos antes de casarse sí, es una muy buena idea.

Lo más normal del mundo

Pareja en el sofá

Lo que antes era algo anormal y extraño hoy es lo más absolutamente normal. Una pareja tiene todo el derecho del mundo a convivir incluso durante años antes de dar el paso definitivo de casarse y celebrar la boda. Tanto es así, que para muchos invitados puede llegar a sonar incluso extraño recibir la invitación de la ceremonia, alegando cosas como que… ¿no estaban ya casados? Es cierto que de una manera u otra, no es la misma excitación casarse en un estado más inicial de la relación que cuando ya se lleva viviendo juntos durante años y se puede decir que está todo vendido, pero igualmente puede llegar a ser muy bonito y sin duda será un día extraordinario.

¿De verdad cambia todo estar casado?

¡Por supuesto que sí! Casarse supone, como ya hemos dicho, un gran antes y después en la vida de la pareja. Claro que es muy diferente comenzar a convivir tras casarse a llevar ya un tiempo o varios años, en los que el paso puede ser menos brusco de lo inicialmente previsto. En el caso de las parejas que llevan ya como pareja de hecho durante años, celebrar la boda supone también un punto de inflexión ya que además de casarse, celebran la luna de miel como si fuesen recién casados -nunca mejor dicho- y esto ayuda a desconectar de la rutina y de la vida diaria, haciendo hincapié en la relación y sirviendo de bálsamo para afrontar la nueva etapa con mucha más fuerza y cariño.

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